lunes, 9 de julio de 2012

Capítulo 109: Mi mundo

-¿Flo?-pregunto cuando me cojen el teléfono. Estoy llorando y la persona que está al otro lado debe haberlo notado porque no habla- ¿Flo?-repito.
-¿Anna?-dice alguien. No, no es Flo. Joder. Aparto el móvil y miro la pantalla: 'Llamada con.. Raúl'. Oh guay, ¿por qué llamo yo ahora al tonto este?
-Ah, hola Raúl-le digo- disculpa, he confundido el número.
Pero no entiendo cómo pude confundirlo, Flo está en la 'F' y Raúl en la 'R' hay cientos de personas entre ellos, no lo entiendo.
-¿Te pasa algo?-pregunta. ¿Cómo coño lo ha notado? Joder, y ¿ahora que le digo?
-No, nada.
-Te noto la voz triste-dice él.
-Ah no, es de gritar esta mañana en plató, jajajajaja -río falsamente- bueno, pues nada, adiós Raulete.
-¿En serio Anna? Va, a mi no me engañas, se que nos conocemos poco, pero te conozco lo suficiente como para saber que te pasa algo. - no puedo ocultarlo más y empiezo de nuevo a llorar.
-Espera-contesta él. Y cuelga. No entiendo nada. Así que sigo viendo películas. Pido una pizza.
Es tarde cuando suena el teléfono, es Juanger.
-Dime vecino-le digo.
-Saimon, abre la puerta.-dice él.
Sigo sin entender nada, así que me acerco a mi puerta y la abro.
Y allí está, el loco de los rizos, el de los saltos, Raulete, con un ramo de rosas en una mano y la pizza en la otra, mi pizza. Lleva unos vaqueros raídos y una camisa roja y azul, como de cuadros, es muy fea, mucho, pero a él todo le queda genial. La lleva un poco abierta por arriba, lo que deja que se le vea un poco el pecho. El pelo despeinado, como siempre, y en los pies unas zapatillas deportivas demasiado bonitas. Sonrío, le miro la cara, él también está sonriendo.
-Traigo su pizza, señorita.-me dice- ¿puedo pasar?
-Adelante-digo apartandome para que pase.
Yo llevo unos pantalones cortos, una camiseta de tirantes y una pequeña chaqueta larga encima. Voy muy poco arreglada así que entro a mi habitación para ponerme algo más decente. Encuentro un pantalón más bonito, y me pongo una camiseta ancha que se dejó Dani aquí una vez.
Salgo y lo veo sentado en mi sofá.
-¿Cenamos?-digo yo.
-No, antes quiero hablar contigo.
-Cuentame.
-No, Annita, Annita, cuentame tú.
-¿Yo?
-Exacto.

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